Terminada nuestra estancia en La Pineda tomamos rumbo a Peñíscola.
Nos costó localizar el área, a pesar de tener las coordenados, por imprecisión de nuestro querido Tomtom, pero al final dimos con ella. Para nuestra sorpresa estaba casi pegada a un complejo de apartamentos donde estuvimos hace algunos años y que nos dejó huella: Apartamentos Tamarindos.
El área estaba muy bien. Con duchas, agua, vaciado, wc y electricidad. El precio 11 euros sin luz y 12 con ella.
Desde allí nos movimos al centro de Peñíscola en bus, que pasaba cada media hora mas o menos por el módico precio de 60 céntimos.
Peñíscola es preciosa, ya lo sabíamos, aunque con unas niñas que solo quieren jugar y correr es difícil de ver. Aún así, disfrutamos mucho, vimos el espectáculo de aves rapaces, donde mi hija mayor sostuvo un halcón en su brazo, nos bañamos en el mar, jugaron en la arena, paseamos y cómo no podía ser de otro modo, nos protegimos de la lluvia comiéndonos unas copas de helado. Y eso que el hombre del Área había comentado que en Peñíscola era imposible que lloviera en julio, si apenas llovía en invierno.... Pues llovió y de que modo!

Sin dejarla reposar de su viaje desde Alicante, nos fuimos a estrenarla a San Pedro de la Ribera, concejo de Cudillero. La mejor playa y el mejor entorno. 
Dormimos en el parking junto a la playa. Sin problemas. Nos acompañaron otras Acs y alguna camper.
Un paisaje así, se merecía un madrugón para ver amanecer. No me decepcionó.
Las niñas estaban tan nerviosas con su casita con ruedas que por un momento pensamos que nos la destrozaban de un salto. Pero no, sobrevivió y ellas poco a poco se fueron relajando.
